Jobs busca nuevo trabajo

Steve Jobs, fallecido recientemente, fue el co-fundador y dos veces CEO de Apple. También fundó NeXT y fue socio mayoritario de Pixar Studios en sus comienzos. Incluso fue CEO de Disney durante un período. Visionario, emprendedor, obsesivo, carismático. Negar su legado sería un acto arrogante. Tanto como venerarlo en exceso. Como todo humano, sus defectos quizás sobrepasaron sus virtudes, pero sus aportes serán recordados.

Por todo internet se han visto miles de homenajes, resúmenes, especiales, notas, entrevistas y pensamientos escritos u orales de Steve Jobs. Hemos visto hasta el hartazgo el famoso video de Stanford en 2005. La misma foto en blanco y negro que figura en la página de inicio de Apple, la de su silueta recortada en la manzana y cientos de fotos de sus presentaciones (Keynotes)

Los medios, como casi siempre que sucede un hecho de esta naturaleza y escala, lograron sobrepasarnos. Y es entendible que a algunas personas, en especial aquellos que no usan productos de la marca o simplemente la odian, se hayan sentido agobiados de tantos homenajes de bajo presupuesto. Incluso se llega a entender los mensajes ofensivos, pretensiosos de cinismo, sarcasmo y brillo mental. Lo entiendo. Es parte del juego. Sobre todo cuando se vive en una sociedad dominada por la teoría del blanco o negro. A veces duele, porque se recurre a la mentira, la falsedad o la crudeza por contraste con tal de darle cierto aire de razón a las expresiones propias. Incluso se entiende el uso del humor negro. Yo mismo lo uso habitualmente. La mayoría de las veces sirve para descomprimir una situación incómoda, pero últimamente se usa para herir, para marcar la diferencia, para demostrar descontento con algo o alguien.

En estos mismos tiempos turbulentos de la Argentina, en la que todo el tiempo se cuestiona el discurso de los medios, políticos, empresas, artistas, dirigente, personas destacadas, incluso del vecino, y en los que se resguarda a la libertad de expresión como si fuese el tesoro sagrado, confiado a una orden reducida de sacerdotes como únicos protectores, se dice cualquier cosa. De cualquiera. Sin temor a equivocarse y sin tiempo a corregirlo. No hay costo. Y sin embargo tampoco hay premio.

Steve Jobs fue una personalidad polémica desde el momento en que comenzó Apple. Su socio fundador, Steve Wozniak, es Ingeniero y fue él quien realmente dio vida a la Apple I. Otro socio puso el capital (enorme para esa época) para hacer despegar el negocio de una vez por toda y salir del garaje de los padres de Jobs. Y entonces, ¿qué aportó el propio Steve Jobs a Apple?

Pues nada más y nada menos su facilidad para convencer al resto que vendían el mejor producto que se podía comprar. El más fácil de usar. El mejor diseñado. El apropiado para sus necesidades.

El carisma de Jobs era tan grande que, aún en sus peores épocas, lograba hipnotizar. Quizás era aquel maravilloso juego de palabras que destacaban los logros de sus productos. La descripción, a veces exagerada, de las posibilidad del software o el hardware que estaba presentando al mundo. Quizás se debía a las diapositivas con increíbles fotos, videos y gráficos que disponía en cada evento. Pero aún en una ocasión como la de la graduación de 2005 en Stanford, donde sólo era él ante los alumnos, Steve logró cautivar a todos.

Claro, en aquella oportunidad contó cuestiones de su vida privada (incluso aquellas que sucedieron antes que él naciera) que muy pocos conocían. También se valió, en esa oportunidad, de un recuento muy somero de los sucesos, pues en realidad no fue echado de Apple sólo porque sí, sino porque el fomento a la rivalidad interna entre equipos dentro de Apple se le estaba yendo de las manos a su CEO. Lo que se hizo, según se sabe, fue quitarle el poder de decisión dentro de Apple, pasando a ser, meramente, un empleado más. Luego de aguantar unos 4 o 5 meses en esa situación, decide renunciar.

Steve nunca nos contó todo lo que sabía de algunos hechos. Mucho menos de sus productos, pues se sabe que toda cosa en el mundo tiene sus pro y tiene sus contra. Pero él era un eximio vendedor, marketinero de la primera escuela. Sabía qué decir, cómo decirlo y sobre todo, sabía elegir muy bien a sus enemigos.

El aporte de Jobs, o de Apple en general, a la industria informática y electrónica es más amplio de que lo que muchos suponen y no quieren reconocer. Si Apple no hubiese portado la idea de la interfaz gráfica y el uso del ratón a una computadora hogareña, el desarrollo de Windows hubiese tomado años en ser lo que hoy es. Y quizás sería muy diferente.

Los reproductores portátil de música serían, quizás, de mala calidad, caros y diseño horrible. Los teléfonos inteligentes seguirían teniendo si o sí teclados QWERTY como tienen sólo algunos modelos de Blackberry y las PC seguirían siendo cajas de color beige. Quizás no. Nunca lo sabremos. Pero Apple ha logrado empujar los límites de la técnica, tecnología, concepto y diseño un poco más allá de los que nadie pensaba.

De ahora en más veremos si sólo Jobs era el impulsor de ese adelanto antológico o era sólo una pieza más del engranaje, reemplazable al fin. No veremos más a ese vendedor que, con palabras mágicas y mucho show nos presentaban esos productos que, a los que usamos Apple, nos sería imprescindible poseer. Pero su legado seguirá.

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